¿En que punto se transformó todo en una vil infamia? Heme pues aquí, con la agonía de siempre y el cavilar distante y triste que me embarga. ¿Comó fue que pensé terminar en tablas? La mesa se atiborra de sueños inconclusos y veme pues aqui, moviendo las piezas como un desesperado. Cansado hasta el hastío de admirar tu figura que me llena de quimeras. Oh! dulce Maria, si por mi fuera abdicaría en este mismo instante, arremetería contra ese Rey conspicuo que es mi ingenio incontrolable y dejaría pasar atronadora tu hermosura de delante de mi.
Te me asemejas a la dulce fragancia de un verano anterior al destierro, belleza que pasa como una atronadora letanía elevada a Dios. Oh! dulce María, si de olvido se tratase me hallaría sumamente consternado. Los fantasmas de mi mente de seguro no me dejarían. No habría razón para seguir batallando, ni buscando estratagemas que logren coronar mi amor exaltado en tu octava lozanía
Se ha terminado el juego, ha concluido la canción. El tazón de plata se ha desbordado en mil lamentos. Las piezas aguardan sigilosas volver al punto de partida. ¿Seré capaz de recomenzar? El Rey caído, el mate del loco. He sido tan infeliz.